orión, UN BUEN PERRO

Mis pacientes ya conocen a Orión, el perro que nos acompaña todos los días que estoy en el consultorio. Nos encontramos en la calle hace dos años y desde entonces aporta, de la manera más natural y desinteresada, su presencia atenta y amorosa a quien esté dispuesto a observarlo y reconocerlo. Me dice el veterinario que puede tener unos 4 años, pero su edad precisa y su historia son todo un misterio.

Decía Jung que "el animal es lo más piadoso que existe, pues sigue su ley interna con una fidelidad absoluta; vive mucho más conectado con un orden secreto en la naturaleza misma y con el conocimiento absoluto del inconsciente". Maestros sin pretenderlo ni saberlo, en tanto que están libres de los problemas imaginarios que suelen azotar la mente.

Gran entusiasta de los perros, Freud también sintió especial devoción por sus Chow Chow, Lün y Jofi. Esta última se convirtió en una presencia habitual en sus consultas; al sentarse junto al diván, Jofi actuaba como una suerte de asistente terapéutico que no solo relajaba a los pacientes, sino que ayudaba al analista a percibir su nivel de ansiedad.

Me conmueve la gentileza que tiene Orión, sin que nadie se lo solicite, con los niños y en especial con personas que tienen diagnóstico de TEA (Trastorno del espectro autista). Hace unos días, una adolescente de 16 años se acercó a él, lo abrazó y lo cubrió de besos. Esto le permitió a ella relajarse y estar tranquila, expresándose con más apertura y comodidad a lo largo de la sesión.

Un interlocutor. Un traductor emocional. Un emisario del bien, cuya presencia simplifica la interacción y la comunicación. En términos más sencillos, un buen perro.

Siguiente
Siguiente

SOBRE el uso de whatsapp en la terapia